8 de marzo: declaración de Izquierda Anticapitalista

Izquierda Anticapitalista

Descarga aquí el panfleto

Hace ya más de 100 años que centenares de obreras textiles de Nueva York se echaron a la calle un 8 de marzo para reivindicar sus derechos laborales. Desde entonces, tomamos esta fecha para conmemorar el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, tanto las que cobran un salario como las que no. Recordamos, por tanto, la gran labor desarrollada por mujeres que luchaban y que luchan por la igualdad, la libertad y la autonomía de todas nosotras.

Desde siempre, las mujeres hemos venido sufriendo una enorme desigualdad en muchos aspectos. Las tareas reproductivas, que se nos atribuyen como femeninas, han sido, y continúan siendo, socialmente infravaloradas y no remuneradas. Esto nos ha situado a las mujeres en posiciones de invisibilidad social, económica y política, y nos ha impedido nuestra autonomía social y económica respecto a los hombres. Este año, sin embargo, no es como cualquier otro, ya que, sumado a nuestra desventaja histórica, hemos visto caer sobre nuestras espaldas todo el peso de las políticas neoliberales europeas y estatales que habían estado planeando sobre nuestras cabezas todo este tiempo. A pesar de que las políticas supuestamente anticrisis aprobadas recientemente por los gobiernos no constituyen ninguna ruptura respecto a la profundización de las medidas neoliberales implementadas durante las últimas décadas, esta vez han llegado demasiado lejos:

– Recorte en el gasto público, que hace que la responsabilidad por el cuidado de niños y niñas y personas mayores sea transferida de nuevo al marco del trabajo doméstico femenino, invisible y supuestamente altruista. Además, al estar concentradas en sectores públicos como sanidad o educación, las mujeres somos las principales víctimas de la pérdida de empleo y reducción de salarios. El número de residencias para la tercera edad y escuelas infantiles públicas es insuficiente, siendo en muchos casos necesario recurrir a alternativas privadas cuando estas tareas deberían ser asumidas por el Estado y la sociedad en su conjunto. Ante esto nosotras decimos, ¡No nos volverán a encerrar en casa!

– La Ley de Dependencia, implementada de forma desigual e incompleta, también  está sufriendo los recortes impuestos por los gobiernos durante los últimos meses. Se han anunciado congelaciones de gasto en atención a la autonomía restringida y el Gobierno considerará durante los próximos meses únicamente los casos de los altos dependientes.

– Además de constituir un grave atentado contra el conjunto de los trabajadores y trabajadoras, la Reforma laboral acentúa la desigualdad de género,  ya que los contratos a tiempo parcial (que afectan mayoritariamente a mujeres) hacen que nuestras cotizaciones sean menores; las ayudas al empleo han ido a parar a sectores masculinizados; y la facilidad del despido por días no trabajados, nos afecta aún más, por ser nosotras a menudo las que tenemos que faltar al trabajo para atender los problemas familiares que surgen.

– Las empleadas del hogar continúan teniendo una regulación laboral “especial”, fuera del Estatuto de los Trabajadores: tienen menos derechos que los/las trabajadores/as en otros sectores ya que su trabajo se basa y se regula a partir de la premisa de la centralidad de la confianza, la flexibilidad y la “buena fe” en la creación de la relación entre la trabajadora y la persona que emplea. El Real Decreto que regula sus condiciones laborales legaliza, entre otras graves situaciones abusivas, la ausencia de contrato escrito, el derecho a cobrar horas extras, la no existencia de un tiempo de descanso equiparable al resto de trabajadores y trabajadoras, el despido libre y prácticamente gratuito y la práctica imposibilidad de la intervención de inspectores laborales.

– La Reforma de las pensiones dejará a las futuras jubiladas con pensiones más ridículas si cabe que las actuales como resultado de la concentración de las mujeres en la economía informal y la constante interrupción de nuestra vida laboral para atender las necesidades familiares de cuidado.¿Cómo podremos cumplir los 38,5 años trabajados sin sacrificar la posibilidad de ser madres, teniendo en cuenta la creciente demora de nuestra incorporación en el mercado laboral, los contratos temporales y las jornadas a tiempo parcial, que en su mayoría son realizados a mujeres?

– Seguimos esperando las medidas educativas y legales que ayuden a eliminar la terrible violencia machista que sufren las mujeres, con 13 víctimas mortales en lo que llevamos de año, más todas las violaciones, vejaciones, insultos, etc. que no pueden contabilizarse.

– Seguimos esperando medidas donde primen los derechos de las personas, especialmente de los colectivos más vulnerables, inmigrantes, mujeres y jóvenes, a los beneficios económicos,  así como medidas para la despatologización de las identidades trans. La transfobia y la homofobia son una realidad en nuestro día a día contra las que tenemos que luchar.

Estamos hartas, cansadas de ser siempre el último eslabón de la cadena, de soportar el peso de la sociedad, cansadas de que nuestro trabajo, en muchas ocasiones ni siquiera reconocido, se pague cada vez peor. Cansadas de que nuestra situación sea la más desfavorecida por la actitud de un gobierno, unos empresarios, unos banqueros que nos exprimen incansablemente y dejan caer sin ningún tipo de pudor el peso de la crisis sobre nuestras espaldas. Cansadas de la falta de coraje de unas direcciones sindicales que prefieren claudicar antes de luchar. Nuestros derechos valen más que sus beneficios.

Exigimos, por tanto, no sólo la derogación de las recientes reformas, sino una mejora en nuestras condiciones de trabajo y de vida en un marco de discusión y acción donde el capitalismo patriarcal deje de ser la única alternativa. Y eso sólo podremos conseguirlo si somos capaces de luchar todas juntas y ser nosotras mismas las que decidamos sobre nuestro futuro.

En un año en que las mujeres de los países árabes y del Magreb nos muestran su valentía luchando por la libertad, en nuestra casa nos encontramos en un momento de retroceso en materia de derechos sociales. Además de mostrar nuestra más profunda solidaridad con las compañeras de Túnez, Egipto, Argelia, Libia, Bahrein y todos aquellos países donde las mujeres están saliendo a la calle para exigir democracia y libertad, estamos convencidas de que es imprescindible seguir su ejemplo y que únicamente mediante la lucha y la determinación conseguiremos atrás unas políticas que amenazan con eliminar el concepto de “público” y “social” de nuestras vidas e intentan privatizar cada rincón de nuestras existencias.

Las mujeres hemos de animar a la resistencia frente a la nueva ola de políticas neoliberales, impregnando esta resistencia con nuestras propias reivindicaciones igualitarias y antipatriarcales. El progreso y la justicia social son más inseparables que nunca de la lucha por nuestra emancipación.

¡Mujeres, que no recorten nuestras vidas!

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